
Se encienden los focos y el haz de luz ilumina a un hombre con gafas redondas y camiseta negra. Podría tratarse de un telepredicador del siglo XXI pero es, en realidad, un mago de la informática que muestra sus mejores trucos entre aplausos. Steve Jobs, creador de Apple, repite este ritual cada vez que presenta nuevos productos. De su chistera, han salido los ordenadores Macintosh y el iPod.
Hijo de madre americana y padre sirio, Jobs fue dado en adopción a una familia de California porque sus progenitores no estaban casados. Poco más se sabe de su pasado, ya que guarda celosamente los secretos de su vida personal.
Lo que sí se conoce es que, tras un viaje místico por India, Jobs se reunió en 1976 con su colega, el tímido informático Steve Wozniak, en el garaje de sus padres. Juntos cambiarían el mundo: iban a crear el ordenador personal.
El mismo año consiguieron hacerlo realidad: escribieron en un teclado y se reflejó en una pantalla.
En pocos meses nacía el PC de Apple. Y pronto llegaron el Apple II y el Macintosh: ordenadores funcionales y bonitos a la vez. Dicen que el éxito también trajo la arrogancia. Expulsado de la compañía que había fundado, Steve Jobs diría, años más tarde, que "el paciente necesitaba la medicina".
Lanzó en esos años la primera PDA y el primer portátil sin demasiada aceptación. Los altos precios y la voluntad de no separar hardware y software la alejaban del mercado, dominado por Wintel (Windows e Intel) en IBM, Dell y Hewlett-Packard.
En 1996, diez años después de su salida, Jobs iba a protagonizar el regreso más triunfal de la historia de la informática. Su empresa Next fue absorbida por Apple y Jobs pasó a ser consejero delegado.
Su leyenda creció más aún en este segundo acto de su carrera. La personalidad arrolladora, su habilidad mercantil y de persuasión seguían incólumes. Al igual que su ego y su gestión agresiva de negocio. Tras su retorno, muchos empleados temían encontrase a Jobs en el ascensor por miedo a ser despedidos.
En cualquier caso, su gran obsesión seguía intacta: la perfección estética. En menos de un año lanzó el ordenador iMac, tras el que vendría el celebérrimo iPod, el reproductor de música más exitoso de la historia. En 2006, vendió su otra compañía, Pixar, a Disney, convirtiéndose en el máximo accionista de la empresa reina de la animación. Hace unos meses, abrió un nuevo frente, el de la telefonía, al sacar al mercado el móvil iPhone.
En la era digital, Jobs goza de buena salud tras superar un cáncer de páncreas, y tiene un pie en la informática, la tecnología, la música, la telefonía, Hollywood y la televisión. Sólo enturbian su futuro las denuncias sobre irregularidades financieras: a pesar de tener un sueldo de un dólar al mes, su fortuna de 4.400 millones de dólares está siendo investigada.
Esta semana, se volvieron a encender los focos para el hombre de las gafas y la camiseta oscura: de la chistera de Jobs salió esta vez un nuevo iPod táctil Touch, el gadget que una vez más, HAY que tener.
Bola extra: un discurso para arengar a menos pintado.